Avatares para la salud de los astronautas volarán a bordo de Artemis II de la NASA

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Alex León

4/4/20263 min read

La misión Artemis II no solo representa el regreso de la humanidad a la exploración del espacio profundo, sino también un avance clave en la investigación biomédica. La NASA ha anunciado el experimento AVATAR, un proyecto pionero que llevará “avatares” biológicos de los astronautas a bordo de la nave Orion durante su viaje alrededor de la Luna.

Un enfoque innovador: medicina personalizada en el espacio

El experimento AVATAR (Respuesta Análoga Virtual de Tejido de un Astronauta) utilizará chips de órganos, dispositivos del tamaño de una memoria USB que contienen células humanas vivas. Estos sistemas permiten recrear funciones de órganos reales para estudiar cómo responden al entorno espacial, incluyendo la radiación del espacio profundo y la microgravedad.

En esta misión, los chips contendrán células derivadas de los propios astronautas de Artemis II y viajarán junto a la tripulación durante aproximadamente 10 días. El objetivo es analizar cómo estos factores afectan a tejidos humanos específicos en condiciones reales de vuelo espacial.

Cómo funcionan los chips de órganos

Los llamados chips de órganos o sistemas microfisiológicos son pequeñas plataformas que imitan el comportamiento de órganos humanos como el corazón, los pulmones o el hígado. En ellos se cultivan células humanas vivas que pueden reproducir funciones básicas, como latir, respirar o metabolizar.

Además, estos chips pueden interconectarse para simular la interacción entre distintos órganos, lo que permite estudiar cómo responde el cuerpo humano de forma integral ante distintos estímulos, como la radiación o tratamientos médicos.

La médula ósea como foco principal

Uno de los aspectos más importantes del experimento AVATAR es el estudio de la médula ósea, un tejido especialmente sensible a la radiación espacial. Este órgano es fundamental para la producción de células sanguíneas y para el sistema inmunitario.

Los chips utilizados en Artemis II estarán basados en células madre y progenitoras derivadas de la médula ósea de los propios astronautas. Estas células serán procesadas y cultivadas junto con otros tipos celulares para recrear su entorno biológico lo más fiel posible.

La información obtenida permitirá comprender mejor cómo la radiación y la microgravedad afectan a la formación de glóbulos rojos y blancos, así como a la salud general del sistema inmunológico durante misiones de larga duración.

Tecnología y colaboración científica

Los chips de órganos viajarán dentro de una carga útil especializada desarrollada por la empresa Space Tango, con sistemas de control ambiental automatizados que garantizarán condiciones estables durante todo el vuelo.

Tras el regreso a la Tierra, los investigadores analizarán las muestras mediante técnicas avanzadas como la secuenciación de ARN de célula única, que permite estudiar cómo cambian miles de genes en respuesta al entorno espacial. Estos datos se compararán con estudios realizados en tierra para obtener una visión más completa de los efectos del espacio en el cuerpo humano.

Implicaciones para el futuro de la exploración

Este tipo de investigaciones es fundamental para preparar futuras misiones de larga duración, incluyendo el regreso a la superficie lunar y las misiones tripuladas a Marte. Comprender cómo responde cada individuo al entorno espacial permitirá desarrollar estrategias médicas personalizadas y mejorar la seguridad de los astronautas.

Además, los avances derivados de esta tecnología no solo beneficiarán a la exploración espacial, sino que también podrían tener aplicaciones directas en la medicina en la Tierra, especialmente en áreas como la oncología y los tratamientos personalizados.

La División de Ciencias Biológicas y Físicas (BPS) de la NASA continúa liderando investigaciones que aprovechan el entorno espacial para expandir los límites del conocimiento científico, contribuyendo tanto al futuro de la exploración como al progreso de la salud humana.

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